La importancia que tiene la genealogía como disciplina es algo que las feministas conocemos profundamente, ya que es esta la herramienta que nos conecta con todo lo que se ha hecho primero a nosotras y nos sitúa históricamente en el presente. Esas genealogías feministas remiten a otras anteriores y son, en sí mismas, parte de un activismo necesario desde la Academia y la Historia.
El trabajo de la artista Monica Mura (Calgari, 1979) puede ser leído desde múltiples prismas, pero uno de los principales es precisamente su compromiso con la historia de las mujeres. A Mura le interesa la recuperación de la memoria, como hizo en el proyecto “AUSENCIA-PRESENCIA. Tu vacío es mi ausencia, tu memoria es mi presencia” (2017) pero también trabaja con la posibilidad del arte de transformar la realidad.
Así, no es menos importante la labor activa que tienen sus obras, que requieren de la participación del público, cuestionado cómo mira este para preguntarle sobre qué hacemos cada uno, a título individual, para acabar con las desigualdades. Además de las mujeres, otros grupos minorizados como las personas trans, o las que están en riesgo de exclusión social se han convertido en protagonistas del trabajo de Mura, que lejos de tomar una posición privilegiada y dirigir la mirada, se “deja hacer” para reaprender sobre el lugar en el que ella misma se sitúa como artista.
Asimismo, ha elaborado obras que apelan directamente a la necesidad de la sororidad como una estrategia de resistencia feminista ante el auge de la violencia machista, como pudimos ver en su proyecto “NON MÁIS SABAS TINGUIDAS. Da saba á rede: atrapad@s e salvad@s” (2016). La voz precisa y comprometida de Mura se palpa también en obras que hablan directamente de la violencia de género, de los estereotipos sexistas en las relaciones de pareja y las relaciones tóxicas, o en alusiones a la identidad individual (y su origen sardo) a través de los relatos heredados desde su rama familiar materna.
Para Mura las marcas corporales son versos sobre los que escribir una nueva historia, la piel es un papel sobre el que contar otros relatos; la palabra, ya sea metafórica o evidente, es también otro elemento constante en el trabajo de la artista, en un empeño valiente por trazar otras narraciones que den luz y voz a quienes han sido históricamente silenciadas. Decía Virginia Woolf que “los anónimos de la historia eran, a menudo, mujeres”; Mura se resiste a esto con una sensibilidad estética y una profundidad conceptual que devuelve la voz y la dignidad a todas las olvidadas de la Historia.